Si te dedicas a la energía solar en México, seguramente ya sabes que el sector vive un momento extraordinario. Pero hay una conversación que todavía no se da con la fuerza que merece: la seguridad. No la seguridad de «cumplir con el papeleo», sino la que realmente protege a las personas, las instalaciones y la inversión cuando algo sale mal.
Llevamos meses siguiendo de cerca lo que está pasando en otros mercados solares Estados Unidos, España, la Unión Europea, y queremos compartir contigo lo que hemos aprendido. Esto es lo que está cambiando afuera, esto es lo que ya está pasando en México, y esto es lo que te conviene empezar a hacer hoy, antes de que sea obligatorio.
Primero, hablemos con números: el riesgo es real, aunque sea bajo
Vamos a ser honestos desde el inicio: instalar paneles solares sigue siendo, estadísticamente, muy seguro. Pero «muy seguro» no significa «sin riesgo», y cuando trabajas con miles de instalaciones a la vez, hasta los riesgos pequeños empiezan a sumar.
Un estudio de la Universidad de Edimburgo, que se ha vuelto referencia obligada en Europa, encontró que en la Unión Europea ocurre un promedio de 29 incendios por cada gigavatio instalado al año. Con el ritmo de crecimiento que impulsa el plan REPowerEU de la Comisión Europea, los investigadores calculan que podrían presentarse entre 9,000 y 17,500 incendios relacionados con instalaciones fotovoltaicas en 2025 y 2030, respectivamente, si la industria no toma medidas adicionales.
¿Te parece alarmante? Ponlo en perspectiva: en España se estima que el riesgo de incendio por instalación individual es inferior al 0.006% de los casos. No es que cada sistema sea peligroso. Es que, entre más paneles se instalan, más se multiplican las oportunidades de que una conexión floja, un componente defectuoso o un mantenimiento pospuesto terminen convirtiéndose en un problema serio.
Y aquí va algo que probablemente no habías considerado: muchos de los incendios que involucran paneles solares no empiezan en el sistema fotovoltaico. Empiezan en una cocina, una bodega, un cortocircuito en otra parte del inmueble, y se propagan hasta el techo. Ahí es donde el sistema solar —que sigue generando corriente mientras haya luz, sin importar que el edificio esté en llamas— se convierte en un obstáculo más para quien intenta apagar el fuego.

Lo que el mundo está haciendo al respecto (y que probablemente llegará a México)
Aquí es donde te queremos a lo que está pasando afuera, porque entender hacia dónde va la normativa internacional te da una ventaja: te permite anticiparte en lugar de reaccionar cuando la exigencia llegue a México.
Estados Unidos lleva la delantera con el Código Eléctrico Nacional (NEC), específicamente el artículo 690.12. Desde 2014, y con actualizaciones en cada ciclo de revisión, este código exige que las instalaciones fotovoltaicas en o sobre edificios cuenten con un sistema de apagado rápido: los conductores de corriente directa deben reducirse a niveles seguros en un máximo de 30 segundos. ¿Por qué tan estricto? Porque un bombero que sube a un techo en llamas no tiene forma de saber, a simple vista, si esos cables siguen energizados.
España actualizó en 2025 su reglamento de seguridad contra incendios en establecimientos industriales (Real Decreto 164/2025, vigente desde mayo de ese año), que por primera vez incluye requisitos específicos para instalaciones fotovoltaicas sobre cubiertas industriales: distancias mínimas entre filas de paneles y separación obligatoria respecto a materiales combustibles.
Y en cuanto a certificación de equipos, si trabajas seleccionando materiales para tus proyectos, vale la pena que tengas siempre presentes dos normas: IEC 61215, que evalúa la resistencia ambiental de los paneles, e IEC 61730, que evalúa específicamente su seguridad frente a descargas eléctricas, incendio y daño mecánico. En Norteamérica, el equivalente es UL 61730. Un dato que vale oro para cualquier conversación con un cliente que dude del costo: los paneles certificados bajo estos esquemas cuestan entre 3% y 5% más, pero requieren hasta 60% menos reparaciones en diez años. Esa es una inversión que se paga sola.
El punto que más nos importa: proteger a quien llega a apagar el fuego

Si hay un tema que deberías tener siempre presente , tanto en tus diseños como en tus conversaciones con clientes, es este: un sistema fotovoltaico no se «apaga» como cualquier otro equipo eléctrico. Mientras los paneles reciban luz solar, siguen generando corriente directa, potencialmente letal, sin importar que hayas desconectado el inversor o cortado el suministro general del edificio.
Eso crea lo que los especialistas llaman una «zona de peligro de CC»: un área donde un bombero no puede actuar con confianza porque no sabe si hay riesgo real de electrocución. Por eso la norma NFPA 1 exige que los paneles instalados en techos cuenten con un sistema de desenergizado manual, fácil de identificar y de accionar, y que los sistemas de apagado rápido más modernos logren desenergizar el circuito en no más de 30 segundos. También exige espacios de acceso de al menos 91 centímetros alrededor de los paneles, para que los bomberos puedan moverse y ventilar el techo sin caminar directamente sobre el arreglo solar.
Y no, esto no es un problema lejano ni exclusivo de otros países. En febrero de 2018, un incendio afectó seis sistemas fotovoltaicos instalados en el techo de la Ciudad Judicial Federal en Guadalajara, un caso documentado por el propio Cuerpo de Bomberos de Zapopán y que sigue citándose como referencia en publicaciones especializadas de protección contra incendios en América Latina. Es un buen recordatorio de que este riesgo ya nos tocó la puerta, aunque todavía no hablemos de él lo suficiente.
A nivel internacional, organismos como CTIF (Comité Técnico Internacional de Prevención y Extinción del Fuego) han empezado a publicar guías específicas para que los cuerpos de bomberos sepan cómo actuar frente a incendios que involucran sistemas fotovoltaicos y de almacenamiento en baterías, precisamente porque la formación tradicional contra incendios no cubre bien estos escenarios híbridos.
Tres movimientos que están redefiniendo la industria
Queremos compartirte tres tendencias que, si sigues de cerca este sector como nosotros, vale la pena que tengas en el radar:
Las aseguradoras ya se sentaron a la mesa.
En junio de 2026, Huawei Digital Power organizó, junto con socios de la industria, la primera Cumbre de Seguridad de Sistemas Fotovoltaicos y de Almacenamiento de Energía, en el marco de Intersolar Europe, en Múnich. Reunió a aseguradoras y asociaciones técnicas para discutir un problema que ya es visible: la falta de cobertura adecuada frente al riesgo real de incendio. En el Reino Unido, algunas aseguradoras comerciales ya clasifican ciertas instalaciones fotovoltaicas con «bandera ámbar» de riesgo, lo que está presionando a toda la cadena a mejorar sus estándares de diseño para no perder condiciones favorables de póliza. Si asesoras a clientes industriales, este es un argumento que te conviene tener a la mano.
La ciencia detrás de la propagación del fuego avanza.
El Southwest Research Institute (SwRI), junto con organismos del Reino Unido, ha realizado pruebas de fuego a escala real para entender cómo se propagan las llamas por debajo de instalaciones en techos planos comerciales e industriales. Esos hallazgos están alimentando directamente las próximas revisiones de códigos de construcción a nivel global.
Y surgió algo que llena un vacío que existía desde siempre.
Los extintores tradicionales no funcionan bien contra un incendio fotovoltaico, sencillamente porque mientras el sistema siga generando corriente, sigue siendo peligroso acercarse. Por eso nació una categoría de productos diseñada específicamente para esto: los extintores fotovoltaicos de aplicación directa, como PVStop. Desarrollado originalmente en Australia y hoy presente en más de 20 países, funciona cubriendo la superficie del panel con una capa líquida a base de agua que bloquea la luz solar, anulando la generación de corriente en cuestión de segundos. Es, hasta ahora, el único método capaz de desenergizar el sistema actuando directamente en el origen —el propio panel— en lugar de depender solo de dispositivos instalados en la caja de conexiones o el inversor.
Y en México, ¿cómo estamos parados?
Aquí es donde queremos que pongas toda tu atención, porque esto te toca directamente.

México vive un momento de crecimiento solar que pocas veces se ve. Según datos de la Secretaría de Energía (SENER) y la Asociación Mexicana de Energía Solar (Asolmex), la capacidad instalada fotovoltaica del país superó los 13 gigavatios en 2025, entre grandes centrales y generación distribuida en techos residenciales, comerciales e industriales. Asolmex proyecta que hacia 2030 esa cifra podría superar los 20 gigavatios, impulsada tanto por nuevos parques como por el crecimiento sostenido de la generación distribuida, que en 2024 batió récord con 1,082 megavatios incorporados en un solo año.
Este crecimiento no se reparte igual en todo el país: casi 60% de la capacidad a gran escala se concentra en apenas cuatro estados —Sonora, Aguascalientes, Chihuahua y Coahuila—, mientras la generación distribuida crece con fuerza en zonas industriales y comerciales a lo largo del territorio. La reforma constitucional en materia energética, vigente desde marzo de 2025, y las nuevas convocatorias de SENER en 2026 apuntan a acelerar todavía más este ritmo.
Ahora, la parte que más nos interesa compartirte: nuestro marco normativo, la NOM-001-SEDE, en su versión 2022, dedica el Artículo 690 específicamente a sistemas solares fotovoltaicos —interconectados, autónomos e híbridos— y establece protecciones sólidas contra choques eléctricos, efectos térmicos y fallas de aislamiento. Su cumplimiento se verifica mediante Unidades de Inspección acreditadas ante la Secretaría de Energía, y no cumplirla puede costarte la negación del contrato de interconexión con la CFE o la invalidación de una póliza de seguro en caso de siniestro.
Pero, y esto te lo decimos con toda honestidad porque creemos que es información que necesitas para tomar mejores decisiones: a diferencia del NEC estadounidense que exige explícitamente apagado rápido con tiempos y voltajes definidos o del reglamento español actualizado en 2025, la normativa mexicana todavía no cuenta con un requisito homologado a nivel nacional, específico para proteger a los bomberos en techos con paneles solares. El crecimiento del parque solar mexicano está yendo más rápido que la actualización de los protocolos de respuesta a emergencias. Y eso significa que, hoy, gran parte de la responsabilidad recae en las decisiones que tú tomas al diseñar e instalar cada proyecto.
Lo que te recomendamos hacer desde ya
No esperes a que la norma te alcance. Estas son las prácticas que, con base en todo lo que hemos revisado, te conviene adoptar como estándar propio, sin importar lo que diga hoy la regulación mexicana:
- Exige siempre componentes certificados bajo IEC 61730 o UL 61730. Es la forma más directa de garantizar que el equipo pasó pruebas reales de seguridad contra incendio y descarga eléctrica.
- Incorpora dispositivos de apagado rápido a nivel de módulo o de string en tus diseños, aunque la norma nacional todavía no te lo exija. Es una inversión pequeña frente al riesgo que mitiga.
- Mantén un programa serio de mantenimiento preventivo. La mayoría de los incidentes que hemos visto documentados no aparecen de la nada: empiezan con una conexión floja o un punto caliente que nadie revisó a tiempo.
- Ten un plan de respuesta a emergencias específico para el sistema fotovoltaico, con señalización clara y, cuando sea posible, una solución de extinción pensada para paneles solares, como PVStop, capaz de desenergizar el sistema de forma segura desde su origen, protegiendo tanto al personal de emergencia como la inversión de tu cliente.
La energía solar le está cambiando la cara a México, y tú eres parte de eso. Pero el mismo cuidado técnico que pones en maximizar el rendimiento de una instalación merece ponerse en su seguridad. Al final, un proyecto verdaderamente bien hecho no es solo el que genera más energía: es el que protege a las personas que lo instalan, lo mantienen y, si algo sale mal, tienen que intervenir.
Fuentes consultadas:
Secretaría de Energía (SENER), Asociación Mexicana de Energía Solar (Asolmex), Norma Oficial Mexicana NOM-001-SEDE-2022 (Artículo 690), National Fire Protection Association (NFPA 1, NEC/NFPA 70 Artículo 690.12), Real Decreto 164/2025 (Reglamento de Seguridad Contra Incendios en Establecimientos Industriales, España), Comisión Electrotécnica Internacional (IEC 61215, IEC 61730), Underwriters Laboratories (UL 61730), estudio de la Universidad de Edimburgo sobre incendios fotovoltaicos en la Unión Europea, Southwest Research Institute (SwRI), CTIF (Comité Técnico Internacional de Prevención y Extinción del Fuego), y reportes técnicos de la industria (Energía Estratégica, Expansión, Seguridad en América).